Dos marbellíes cruzan España sin dinero para reivindicar los espacios naturales y el mundo rural

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Dos marbellíes cruzan España sin dinero para reivindicar los espacios naturales y el mundo rural

El proyecto se ha llamado “Un camino por descubrir” y quieren volver para hacer una película

Dos marbellíes cruzan España sin dinero. Se trata de Andrea Martello y Adrián Pelayo, que han cruzado España de Norte a Sur con el objetivo de dar a conocer la enorme riqueza natural, patrimonial y personal de ese interior del país que vive olvidado por quienes viven en las ciudades.

«Un camino por descubrir»

A veces para conocerse a uno mismo, de verdad, lo mejor es superar un reto para el que aparentemente no estamos preparados. Sufrir cansancio e incertidumbre, pasar hambre, sed y, sobre todo, salir de la zona de confort. Y eso han hecho dos jóvenes marbellíes, Andrea Martello y Adrián R. Pelayo, que han realizado uno de los sueños de su vida: cruzar andando España entera de norte a sur, desde Marbella hasta el monasterio de Santo Toribio de Liebana en las faldas de Picos de Europa. Y haciéndolo sin dinero, fiándose de lo que les ha aportado la Naturaleza y la solidaridad de los españoles.

El proyecto ha tenido un nombre: “Un camino por descubrir”, y les ha servido para dar a conocer a miles de personas la experiencia vivida durante 70 días. Y a ellos para conocerse mejor por dentro y aprender a valorar, y divulgar, la enorme riqueza natural, patrimonial y personal que tienen los pueblos del interior de España.

Dos marbellíes cruzan España sin dinero

Adrian y Andrea apenas tienen experiencia previa haciendo senderismo o yendo al campo. Por eso, pasaron cuatro días conociendo técnicas de supervivencia con los mejores, en la Escuela Anaconda de Pepe Ogalla en Ojén, donde suelen ir los concursantes de Supervivientes. “Allí aprendimos sobre todo a tener confianza en nosotros mismos y ganar en seguridad”, señala Pelayo.

Comienzos

Los comienzos siempre suelen ser duros. Y en “Un camino por descubrir”, Pelayo y Andrea casi abandonan al segundo día tras soportar una intensa tormenta durmiendo en el bosque entre Marbella y Tolox. “Se caló la tienda y se nos mojó todo, la ropa, el equipo, los sacos de dormir, etc”, explica Andrea. “Fue el único momento en el que pensamos en abandonar”.

Poco a poco los dos jóvenes marbelleros fueron ganando experiencia sobre la marcha, encajándose entre sí como un binomio, y descubriendo muy pronto que, cuanto más pequeño y recóndito es el pueblo por el pasaban, más solidaridad encontraban. “Nosotros no pedíamos dinero, sólo comida y techo para dormir si era posible. Aunque fueran unas naranjas y un poco de arroz. Y nunca, en los 70 días de viaje, hemos recibido un NO”, asegura Pelayo. “Hemos dormido bajo puentes, en soportales, en olivares, viñedos, refugios de pastores, escuelas rurales, etc. Pero nunca nos ha faltado la comida cuando la hemos pedido a las personas que hemos encontrado en el camino”, puntualiza Andrea.

Han pasado calor en las llanuras de Castilla. Frío helador en los montes de Ávila. Se han lavado en ríos, en fuentes y en embalses. Han descubierto la increíble riqueza patrimonial de lugares como Guadalupe o Talavera. La belleza de pequeños  pueblos desconocidos como Guadalmez o Cuevas del Valle. En definitiva, han descubierto la España desconocida como pocas personas.

Repercusión

Conforme pasaban los días, gracias sobre todo al boca a boca entre los pueblos, y a una eficaz labor de divulgación en las redes sociales, su gesta ha ido haciéndose conocida y empezaron a ser recibidos por los alcaldes de los pueblos y ciudades por los que pasaban. Hasta el punto de que han sido entrevistados por radios y medios de comunicación locales, televisiones regionales y hasta por el periódico El Mundo.

Al final, cuando llegaron a Cantabria fueron recibidos por el propio presidente de la Comunidad Autónoma, el dicharachero Miguel Ángel Revilla. Y por fin, tras salir de Marbella un 30 de marzo, llegaron al monasterio de Santo Toribio de Liebana el pasado 13 de junio, postrándose ante la reliquia de la cruz de Jesucristo y culminando esta aventura increíble. Que tuvo su epílogo cuando Pelayo siguió unos días más hasta el Santuario de Covadonga.

“Un camino por descubrir” no ha terminado. Acaba de comenzar. Porque Andrea y Pelayo van a volver a hacer esos 1.200 kilómetros de nuevo para rodar una película con la que dar visibilidad a esa España invisible, llena de Naturaleza, patrimonio histórico y buenas personas, que han conocido de la manera más solidaria e intensa.

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